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Tradiciones, Leyendas,
Mitos
Una característica
de los asentamientos mineros del Perú es su ubicación en las zonas
altoandinas, ricas no sólo en minerales, sino en una diversidad de mitos y
leyendas.
La actividad
minera, no escapa a estos relatos que refieren la existencia de Muquis
(seres mágicos capaces de proteger o quitar la vida al minero), diabladas
(danzas para espantarlos) y lo peligroso que resultaría una mujer en el
interior de una mina. Según algunos expertos, son dignos de ser recogidos e investigados
porque esconden explicaciones científicas.
La actividad minera es muy rica en
folklore, que es el conjunto de tradiciones, creencias,mitos y costumbres
populares arraigadas entre los mineros, los cuales se viene transmitiendo
de forma oral, de boca en boca, a través de generaciones y a pesar del
tiempo y la globalización, algunas viven latentes, sin variar mucho su
interpretación que está de acuerdo al lugar y al momento.
En determinados centros mineros,
todavía existe la costumbre -que ha adquirido fuerza de ley- de ofrendar a
la mina: chicha, coca y brebajes a base de alcohol; incluyendo sacrificio
de llamas, colocando previamente a la entrada de la mina una figura o
muñeco que se asemeje al diablo o demonio.
Este personaje -suponen- que es el
dueño verdadero de la mina y por lo tanto hay que solicitarle permiso para
trabajar en esta.
En otras minas -explica- sacrifican
llamas blancas y grandes, a la cual han hecho tomar brebajes de alcohol;
el yatiri, que es el encargado de la ceremonia, realiza una misa en el
interior de la mina con bastante zahumerio. Este yatiri clava un puñal en
el corazón de la llama y el lugar donde llega la sangre que sale con
fuerza, indicará la dirección a seguir para encontrar la veta.
LAS MUJERES EN EL INTERIOR
DE LA MINA
La superstición, esas
manifestaciones que exceden a lo humano, que muchas veces son
coincidentes con fenómenos que se realizan a ciertos azares del
destino, también está presente en los centros mineros.
El ingreso y
permanencia de mujeres en el interior de una mina es sinónimo de alguna
desgracia.
Esta superstición tendría su origen en la colonia, para
evitar el diezmo de la población, ya que familias íntegras (padre, madre e
hijos) eran introducidos a la mina para el laboreo. Una manera de que la
mujer y descendencia no mueran, pudo haber sido establecer esta creencia,
explica Olivari.

EL MUQUI
El mito o idealización de personajes
fabulosos que impresiona a los mineros, es abundante en nuestra minería.
Este personaje adopta muchos nombres como Muqui, Chinchilico, Anchancho y
otros más. Su figura y aspecto tambián es variable de acuerdo al lugar y
al momento que aparece.
Este Muqui, cuidador o espíritu de
las minas -según algunos- aparece en los socavones al amanecer, su tamaño
es enorme al igual que sus orejas, boca y nariz.
Arroja llamas de fuego por la boca,
su cara, sombrero y vestimenta son de color rojo, no usa calzados, pero sí
espuelas que causan gran ruido que enloquece al minero que se topa con él.
Su montura es europea, pues lo describen cabalgando un caballo blanco.
Es importante mencionar que personas
de solvencia intelectual y moral han manifestado que tuvieron contacto con
el muqui, dueño y guardián de las minas.
Cuenta la
leyenda que en los socavones de las minas que pertenecían a la compañía
Cerro de Pasco Copper Corporation, algunos mineros percibían la presencia
de un ser diminuto y gracioso, el cual les jugaba algunas bromas a los que
descansaban plácidamente en horas de trabajo, escondiéndoles sus
pertenencias, pintándoles la cara con hollín, y haciendo muchas travesuras
en aquellas minas. Pero cierto día un minero anciano, visiblemente
desgastado por el trabajo, contó que aquél que lograse atrapar al enano,
tendría la posibilidad de pedirle el oro que éste guardaba en su
escondrijo: ¡Es el Muqui! -Gritó en forma mística el anciano. ¡Pero
cuidado! advirtió de repente; ¡No hay que hacer ningún trato con él! ¡Es
muy astuto el bandido! ¡Si que es un bandido! gritaba el viejo minero
mientras se alejaba riéndose como un demente.
Pasó mucho tiempo,
tal vez semanas, tal vez años, hasta que aquel rumor llegó a los oídos de
Octavio, un joven minero, recién casado y que llevaba un mes en la
empresa. Octavio, llegaba cada semana a su casa, donde conversaba con su
mujer siempre de lo mismo: -¿Sabías que el Muqui tiene bastante oro?
¿Cuántos años tendrá el Muqui? ¿De dónde sacará todo ese oro el condenado
enano?. Y así cada semana, el Muqui era el tema de conversación más
resaltante. Pero las conversaciones se volvieron ideas y las ideas se
volvieron sueños y los sueños se convirtieron en obsesión; hasta que
Octavio empezó a urdir un plan para capturar al Muqui y con él a todo su
oro.
Ya los mineros congeniaban de manera amistosa (aunque sin
verlo) con el Muqui, ellos le dejaban un poco de coca y cigarrillos en
algún rincón de la mina a cambio de que éste no los haga víctimas de sus
travesuras. El Muqui recoguía los regalos (o mejor dicho el pago
respectivo) de manera tan misteriosa que absolutamente nadie sabia como ni
cuando se aparecía. Pero para Octavio, en quien el Muqui se había
convertido en su obsesión, ese ya era un problema resuelto. Octavio
había decidido atrapar al Muqui aquella noche, para lo cual se fue a hacer
guardia junto a los regalos que ese día le dejarían los trabajadores al
pequeño ser, en lo más profundo del socavón. Se tapó con una manta negra
dejando una pequeña abertura para sus ojos. La zona estaba iluminada por
una pequeña antorcha, la cual le daba un aspecto más misterioso aún a
aquella situación. Esperó una, dos, cinco horas y nada; pero ya cuando
bordeaban las cuatro de la madrugada, Octavio, quién se había echado a
dormir, sintió un gran peso sobre su espalda y aún sin moverse abrió
totalmente sus ojos y se quedó quieto escuchando. ¡Era el Muqui! ¡Y estaba
revisando la bolsa sentado sobre su espalda!¡Este es el momento! -Se dijo
Octavio para sí- Entonces se levantó de improviso, trató de atrapar al
Muqui con su manta, pero, cayó de bruces sobre el piso, mientras el Muqui
se reía como loco, burlándose del pobre Octavio. -¡Anda, ponte de pie!
gritó el Muqui. Octavio se levantó y así con la poca luz de la antorcha
pudo ver al Muqui. -Tayta Muqui, quiero un poco de oro. -Fue lo primero
que imploró Octavio. -¡Pues trabaja! -Respondió irónicamente el enano.
-Verdacito , necesito el oro, porque...porque...Ya, porque mi esposa está
enferma. -¿¡Y su enfermedad se cura con oro!? -Es que las medicinas están
muy caras y en la mina te pagan poco. -¡Pues consigue otro trabajo! seguía
burlándose el Muqui. -Por favor señor Muqui dijo Octavio mientras se
acercaba lentamente al enanito burlón y de un felino salto, pudo cogerlo
de las manos, forcejearon muy poco pero muy duro y por fin, ahí en el
suelo envuelto en la manta oscura estaba Octavio, sí el Muqui lo había
atrapado a él. -¿¡Así que querías oro, no!? le resondró el Muqui,
mirándolo con cierta ironía. Mencionó el Muqui algunas palabras en quechua
arcaico y se alejó riendo como siempre, como un loco. Mientras envuelto en
la manta oscura, un gran bulto de oro en forma humana, descansaba en el
suelo. La esposa de Octavio, cansada de esperar y llorar, se fue a vivir a
La Oroya, donde cada noche tenía un sueño muy raro: un extraño resplandor
la llamaba a través de un túnel profundo y se despertaba sobresaltada
cuando en el mismo sueño escuchaba una risa vesánica, demente ... pero
esa, ya es otra historia.
MINA DE YAURICOCHA
(MUKY) En la mina de Yauricocha, al entrar a
trabajar un obrero en su turno normal de 4:00am, su jefe le
dijo: vas a cambiar al turno de 12 (media noche).
Así lo hizo y entró a trabajar
dirigiéndose al penúltimo nivel de la mina.
Debía cuidar la bomba de presión, pero en ese momento se dijo para sus
adentros: me duermo un momento y
después cuido. CUando dormía profundamente se
acercó un “Muky” (diablo de las minas) y
le dijo: Levántate ocioso, en vez de que
estés durmiendo
debes estar trabajando
El obrero entre sus sueños le
dijo: pero solo descanso un momento, y él se
despertó y trato de ver quien esta ahí y dijo: voy a ponerme el
casco con lámpara, y al momento de encender
la lámpara, no prendía, y el Muky le dijo por que
te desesperas en tratar de verme, si yo te conozco
muy bien y a todos los que trabajan en mi
casa tratando de llevarse lo que
tengo. De repente la lámpara del obrero se prendió y vio que era pequeño y
tenia casco. El Muky se saco el casco y pudo observar
que tenia pequeños cuernos. El Muky le mostró muchas monedas de oro dentro
de su casco y le dijo: ven trabaja conmigo y serás mas rico que un rey de
afuera.
Y así el Muqui le mostró todo su
riqueza. Habiendose cumplido el turno del obrero, el Muky le
dijo: ve a tu casa y no cuentes a nadie lo que viste. El
obrero fue a su casa, pero no
estaba contento con lo que había visto,
entonces le contó a su esposa.
Luego al día siguiente el obrero fue a su
trabajo y se encontró con el Muky. Este le
dijo: no le contaste nada a nadie no? a lo
que el obrero le respondió que no, entonces el Muky le dijo no
me mientas. EL obrero volvió a responder: no te miento.
El Muky le dijo si me
sigues mintiendo te quedaras aquí
conmigo.
El obrero le contó lo
que había pasado también a su jefe y a sus compañeros, y entonces el Muky se
enteró y le dijo: tu me mentiste le dijiste a todos lo que viste y
ahora te quedarás conmigo para siempre aquí en mi casa, y el
Muky le puso unas botas de oro al obrero y le
dijo: con esto andarás, sólo saldrás de aquí cuando se gaste por
completo y el obrero trataba de escapar por el
camino que el conocía pero no encontraba la salida
, y ahora anda llorando y caminado por toda la
mina y hasta ahora en este cometido ocasiona derrumbes en la
mina. Narrador: Prospero Quinto Toribio Recopilado por: Rocky Quinto
Pinao
UNA EXPERIENCIA EN HUARAZ
En 1975 en la mina Ollantay,
comunidad de Pomas, distrito de Cascas, provincia de Piscobamba, Ancash;
tres mineros se encontraron en el interior de la mina con un hombrecito de
unos 90 cm de estatura, algo gordiflón, con barbas pobladas, pies largos
con botas y voz gruesa. Este personaje contó desgracias ocurridas en la
mina, como aquella en 1560 cuando murieron cerca de 20 mineros que causó
gran pánico en todo el Callejón de Conchucos. El Muqui de Yanamina (así lo
llamaron los mineros que conversaron con él) luego desapareció y los
mineros asustados se fueron.
LA DIABLADA vs MUQUIS
Las danzas para ahuyentar a los
Muquis, también se efectúan en centros mineros y la Diablada, danza
representativa de la Virgen de la Candelaria (Puno) se originó por este
motivo.

Dicen que en el siglo XVII, un grupo
de mineros de angustia e incertidumbre ya cerca de la muerte, se les
apareció el muqui de diferentes formas, con la finalidad de arrebatarles
el alma por haber ingresado a su mina sin permiso.
Los familiares de estos mineros, que
no sabían qué hacer evocaron danzas ancestrales y empezaron a bailar como
si fuesen diablos, siendo la Virgen quien logra salvarlos.
Por último como parte de esta
necesidad cultural se destinó un día para los mineros y fue precisamente
el jueves. En tal sentido, con mucho orgullo nos dijo: ¡Vivan los jueves
mineros!. Y es así como este día de la semana se convierte especial para
todos quienes desempeñan la actividad minera, siendo notable el respeto a
muchas de estas tradiciones, creencias y ritos, que surgen de la
convivencia de diferentes culturas. Este jueves minero ha derivado para
muchos en "juerves minero" (día de juerga-Recogido del Ing. Walter
Anticona)
LA VIUDA DEL CLUB
PERUANO
-¡César! ¡César!, se escuchó en la insondable
noche oroína, una voz desgarradora, una voz aullante. -¡Es la viuda!
-decían algunos entes nocturnos que aún transitaban en la frígida
madrugada- y corrían despavoridos hacia sus casas. Se decía que era una
mujer, que había venido de lejos y cuyo esposo había fallecido en un
accidente de trabajo en la fundición de Centromín, y que cada noche
lloraba su desgracia, y se escurría por los campamentos del Club Peruano
buscándolo, llamándolo, reviviéndolo en su ya retorcido
recuerdo.
La vecina Juana decía haberla visto el Sábado, cuando
volvía de un matrimonio: -¡Es alta y flaca! murmuraba la señora, abriendo
lo más que podía sus negros ojos andinos. Don Chemo también la vió cuando
salía de la Empresa a las doce de la noche: -¡Es bajita, medio gorda!
refutaba en el barrio. Y el hijo de la vecina Gloria, el Chino, también la
vió, antes de quedarse dormido en el lavadero después de gastarse todo su
sobre de pago en una cantina.
Así, por muchos años, la gente del
barrio comentaba que en ocasiones esporádicas la vislumbraban: alta,
gorda, bajita, bella, vieja, delgada, muy joven, pero siempre vestida de
negro. Hasta que hace poco, aquellos campamentos, los del Club Peruano,
fueron destruídos, la gente olvidó a aquella señora, pero ella no se
olvidó de su esposo.
Tal vez por eso, en los últimos días, ese
rumor, el mismo de antes, ha vuelto a correr por La Oroya, ahora en Marcavalle, ahora en Huampaní, ahora en Huaymanta, en Buenos Aires y
Curipata, en La Oroya Antigua y Chúlec, en Torres Hidro y Mayupampa, en
Túpac Amaru y Sacco, en San Carlos y 9 de Octubre, en la Empresa, por tu
barrio ... por tu casa.
Pero qué tendría de malo que una mujer
viuda, busque a su esposo, se preguntarán. Y yo les diré que nada,
absolutamente nada de malo, a no ser que aquella señora, la viuda vestida
de negro, se suicidó el mismo día que se enteró de la muerte de su
esposo.
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