Distrito de Morococha

El Nombre de Morococha proviene de dos voces quechuas: "muru" y "cocha", lago de colores o lago pintado.

Es distrito minero por excelencia. Sus riquezas, a pesar de haber sido explotadas desde tiempos inmemoriales, parecen inagotables. Se cree que se efectuaba extracción minera desde antes de la llegada de los españoles.

Documentos escritos sobre Morococha hallados en los archivos de la Cerro de Pasco Corporation, señalan que en la época de la colonia, los minerales oxidados por amalgamación eran tratados en "circos" y las galenas y pavonadas eran fundidas en hornos de pachamanca. EN los mismos documentos se consigna que Martin de Bidegaray (minero azoguero y hacendado) hizo los denuncios respectivos de las tierras de la Rinconada de Huacracocha, ubicadas en los asientos de San Francisco de Pucará y Pachachaca y consiguió la licencia para instalar el Ingenio (MOlino de Metales) de San Martin de Tuctu en Morococha, en 1763, constituyéndose desde entonces en asiento minero cuya fama atrajo con el correr de los tiempos a hombres de diversas nacionalidades deseosos de alcanzar rápidamente fama y riqueza.

El ingenio de San MArtin de Tuctu de Morococha, paralizó su producción a raíz de las luchas por l Independencia. EN 1840 se reiniciaron las labores a instancias de otro célebre minero: Juan Francisco Izcue, el que recurrió a otro pionero de la minería: Carlos Bernardo Pflucker Schmield y juntos formaron la Compañía Peruana en Minas de Cobre.

En esos años la dificultad en el transporte de los minerales a la costa, la escasez de mano de obra, los precios elevados de los alimentos y la inestabilidad política y económica resultante de la independencia nacional hacían de la minería una aventura muy dificil.

A la muerte de Izcue, Carlos Pflucker tomó las riendas de la mina, trajo fundidores expertos de Alemania e hizo construir hornos de reverberación para fundir el cobre extraido. Otros 2 alemanes se integraron al equipo. Uno de ellos (Erdmann) se encargó de dirigir la fundición y beneficio de los minerales y el otro (Honigman) tuvo a su cargo la dirección del trabajo en las minas al más puro estilo europeo.

En 1845 la necesidad de barreteros era de tal magnitud que Carlos Pflicker encomendó a su hermano Leonardo que permanecía en Alemania estudiando mineralogía, que le enviara veinte barreteros. Este hecho reviste importancia toda vez que deja entrever la carencia de mano de obra dispuesta a internarse en los socavones, así como la relativa falta de experiencia minera de los hombres andinos peruanos.

Dieciocho barreteros alemanes llegaron a las frías tierras de Morococha, pero no precisamente como lo esperaba Pflucker. Algunos no conocían el oficio y otros demostraron tal indisciplina que documentos de la época hacen mención a un hecho anecdótico: uno de los barreteros traídos desde Alemania estuvo bebiendo por tres semanas consecutivas aguardiente peruano. Al parecer, la urgencia con la que este empresario demandaba esta mano de obra, no había permitido a su hermano seleccionarla con cuidado.

No obstante estas dificultades Pflucker convirtió a Morococha en pujante asiento minero. Descubrió nuevas minas de plata e instaló modernos procesos metalúrgicos de amalgamación y cloruracióti. El 21 de julio de 1885, los hijos de Pflucker, Carlos María, Julio y Leonardo, recibieron como herencia las minas de Morococha y juntos, ese mismo año, conformaron la Sociedad Carlos M. Pflucker y Hermanos con el objetivo de explotarlas. Durante la guerra con Chile, las minas de los Pflucker tuvieron que soportar el asedio y cobro de fuertes cupos por pane de los invasores. En 1900. fundaron las Compañías Mineras Santa Inés y Morococha.

La construcción del Ferrocarril Central jugó un papel relevante en la modernización de la minería de la zona central en general, y de Morococha en particular. Las evidentes facilidades que daba la existencia de este medio de transporte de carga pesada motivó a varios empresarios mineros a iniciar trabajos de exploración y explotación en estos páramos, venciendo las inclemencias del tiempo y lo agreste del paisaje. Entre ellos destacan Octavio Valentine, David Stuart, L. A. Proaño.

Octavio Valentine empezó una veloz carrera en la actividad minera. Junto con Nicolás Azalía abrieron la mina Natividad, y en 1897 con José Niculicich comienzan a explotarla. Cacrasancha pasa en 1902 a formar parte de la Sociedad Minera del mismo nombre. En 1885. Ricardo Mahr puso en marcha las minas del cerro Cancuapata e instaló, en 1906, una concentradora con capacidad para tratar 30 toneladas diarias. Por su parte, la Sociedad Minera Alpamina fue creada en 1889. En 1902 D. Severino Marzionelli inauguró los trabajos en Morococha y unos anos después formó la Sociedad Minera Puquiococha.

En 1905, los hermanos Pflucker vendieron las minas Santa Inés y Morococha al norteamericano James B. Haggin, quien se juntó con A. W. MacCune y fundaron, en 1908, la Morococha Mining Company. Por esos mismos años, otras minas de Morococha acabaron por ser adquiridas por la Backus & Johnston, con lo cual se abre una nueva etapa de impulso en la explotación minera; en rigor recién cu 1913, cuando la Cerro de Pasco Corporation inició sus operaciones en este distrito. la explotación minera alcanzó su más alto nivel de tecnificación. Esta empresa realizó progresivamente una serie de instalaciones: la wincha Natividad en 1915, la concentradora de minerales en 1920, y la construcción del túnel Kingsmill para desagüe, terminado en 1933.

Como consecuencia de este auge minero, en 1907, el gobierno de ese entonces creó el distrito de Morococha mediante Ley No 682.

En 1928 ocurrió un evento que marcó a los trabajadores y a la población de este distrito, conmocionando inclusive a la opinión pública del país. El 5 de diciembre de ese ano, durante la construcción de una chimenea en la mina María Elvira y debido a un mal cálculo en las excavaciones, se originó una precipitación de agua y lodo de la laguna de Morococha al interior de las galerías causando la desaparición de un tumo completo compuesto por 26 obreros peruanos y dos extranjeros. Los lugareños al relatar este hecho dicen: "la laguna se hundió".

Por ese entonces, se editaba en Lima el periódico Labor, dirigido por José Carlos Mariátegui, que dedicó tres números a comentar este accidente. La revista Amauta también dio espacio a la difusión de este accidente llamando la atención de la opinión pública nacional sobre las condiciones riesgosas e inseguras en las que se realizaban las actividades en este sector productivo.

El destino de Morococha estuvo ligado a las fluctuaciones de la extracción y de los precios internacionales de los minerales. Durante la primera mitad del siglo XX, la ley del mineral en la zona fue gradualmente empobreciendo lo que motivó que las empresas instalaran nuevas y modernas plantas metalúrgicas de concentración.

La actividad minera no sólo influyó en el movimiento comercial, sino también en el quehacer educativo, cultural y político. Eso pudo apreciarse en un primer momento en las tres décadas iniciales de 1900, cuando la minería cobraba impulso en la región central del país. Un grupo de intelectuales de la Costa encabezados por Dora Mayer, Pedro Zulen y José Carlos Mariátegui, se sintieron atraídos por la vida en las minas y asumieron la defensa de los trabajadores frente a los abusos y condiciones de vida y trabajo de la empresa norteamericana.

Por su parte, otros intelectuales provincianos junto con trabajadores de la zona, formaron la Sociedad Pro-Cultura Nacional con el interés de promover la autoeducación de los trabajadores. Uno de sus principales exponentes fue Augusto Mateu Cueva quien, inspirado en sus propia vida y trabajo en Morococha, escribió en 1931 su novela "Lampadas de Minero"(*). Mateu Cueva junto a Gamaniel Blanco, trabajador y dirigente minero, impulsaron a través de la Sociedad Pro-Cultura Nacional la formación de Bibliotecas Obreras, la presentación de obras teatrales, etc. con lo que la vida cultural de este distrito alcanzó un destacable nivel, y atrajo tempranamente la atención de políticos, intelectuales y opinión pública del país.

Más recientemente, a finales de la década del ochenta. Morococha fue escenario de eventos violentos que cegaron la vida de dirigentes y trabajadores. Las instalaciones de Centromin fueron objeto de continuos atentados de parte de grupos alzados en armas, dejando pérdidas de considerable magnitud.

Durante los primeros anos de la presente década. Centromin Perú y Centraminas, principalmente, empiezan a experimentar las más serias de sus crisis. Afectando con ello el comercio (las ferias quincenales desaparecieron), lo mismo la vida cultural. En 1991, junto con el cierre de sus operaciones, Centraminas clausuró sus centros, educativos. En 1992, Centromín Perú redujo la atención educativa que prestaba a la población no ligada laboralmente a ella.

En Morococha, la infraestructura de salud y agua no se debe únicamente a la presencia de las empresas mineras. Corresponde también al persistente trabajo del sacerdote Charles De Laguiche De Broglie. Un artículo escrito por Perfecto Flores resume la labor de este religioso en favor de Morococha: "La alborada de su pasión por el amor al prójimo comienza con el reclamo vehemente del agua potable...los estudios y análisis previos del agua que venían consumiendo los pobladores de Morococha arrojan resultados alarmantes: se encuentran contaminadas con elementos químicos provenientes de los relaves que arrojan las minas y concentradoras. Como consecuencia de ello todas las aguas son yertas, quietas y aunque de color verde esmeralda han sepultado todo tipo de vida. Pero, gracias a Dios, la laguna denominada "San Antonio " es la excepción: sin embargo...tres empresas mineras la utilizan para la conservación de sus máquinas… Después de agotadoras esperas en las puertas de los ministerios respectivos, numerosos viajes, múltiples documentos y tediosas reuniones, consigue la decisión de las autoridades de conservar la laguna para fines humanos”… “Como la población contratada iba en aumento y se encontraban desprotegidos en el aspecto de la salud, pues no contaban con atención médica; tocó las puertas del Ministerio de Salud… Sólo los espíritus osados y emprendedores pueden marchar tras sus ideales ante mil obstáculos que brotan sin cesar… consiguió el material y equipo médico solicitado, ubicó y construyó la infraestructura y luego invitó al Ministerio de Salud a tomar posesión de todo lo adquirido y echar a andar el servicio.”

La dignidad de los trabajadores constituyó una de las principales preocupaciones de su trabajo pastoral. A causa de esto una de sus mayores pruebas la vivió en el transcurso del año 1988, año en el que fue detenido por defender la libertad de los obreros de Morococha, apresados durante las jornadas de la Segunda Huelga Nacional Minera.

Los mineros de esta provincia contaron en varias oportunidades con el apoyo de sacerdotes y religiosas en su lucha por mejorar las condiciones laborales y de vida en la región. Los padres Geraldo Dreiling y Mauel Gutierrez también son recordados con mucho afecto por haber asumido en distintas épocas, la defensa de los trabajadores de la provincia.

Alcalde Distrital: Marcial Salome Ponce